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¿Cual debe ser la educación a un niño con down, se les debe dejar hacer lo que ellos quieran?


HCJ Responde

Papás, la inclusión empieza en casa.


Uno de los errores más grandes que como sociedad tenemos, es creer que las personas con discapacidad son muy diferentes y que por lo tanto la educación (social y/o escolar) no debe contener pautas y reglas.


La discapacidad se trata de entender en dónde es que realmente la persona necesita un apoyo, no de creer que por su condición no es capaz de tener una vida.


Las personas con Síndrome de Down pueden tener un aprendizaje un poco más lento al de otras personas, pero eso no quiere decir que no aprendan. En otras condiciones, podríamos decir que las personas con parálisis cerebral podrían necesitar adecuaciones en cómo realizar las cosas, esto no quiere decir que no las deban hacer o que haya que hacerlas por ellos.


En general, he visto como muchos padres, familiares y docentes creen que las personas con discapacidad no aprenden y por esto, prefieren dejarlos hacer lo que quieran: pataletas, ser caprichosos, agresivos y no tener claras las reglas dentro de un ámbito social.


Hay muchos sentimientos involucrados en no tener claras las pautas de comportamiento, dentro de las cuales encontramos:


1. La sobreprotección: es el comportamiento más encontrado en el ámbito familiar. Se cree erróneamente que por su condición, necesitan que estemos todo el tiempo ahí, que suplamos sus necesidades, que no les dejemos ser y con ello, aceptemos comportamientos inadecuados excusados en su condición. La sobreprotección ocasiona que la persona no tenga una identidad, que espere que otros decidan por ellos y que esperen que todo se los hagan. La sobreprotección no les permite pasar por momentos de frustración y de superación, los cuales son dos sentimientos importantísimos para construirnos como personas.

2. La exclusión: La no aceptación de la condición de la persona muchas veces genera que haya un rechazo hacia la misma. Esto ocasiona que no se le ponga atención en su vida y que descuidemos tanto el amor que se necesita desde la familia, como las reglas. Para las personas que tienen todas sus habilidades intactas, resulta difícil superar este sentimiento de rechazo familiar. Para una persona que necesita unos apoyos especiales, será aún peor.


3. La no credibilidad: el mayor miedo que tienen los papás al afrontar un caso de discapacidad es que sus hijos no puedan tener una vida feliz e independiente. Esta duda parte desde el mismo concepto que socialmente se tiene con respecto a esta población, el concepto que muchos médicos dan a la familia y las pocas opciones que se evidencia a nivel escolar y de trabajo. Esto ocasiona que los papás antes de intentar alguna opción con sus hijos, tengan en su mente la famosa frase de ‘no va a poder’, lo cual niega completamente esos intentos en muchos ámbitos de su vida. La no credibilidad viene muy ligado a los casos de sobreprotección, donde antes que sus hijos sufran prefieren evitar intentarlo, teniendo en mente que ‘no se va a poder’.


Padres: yo he sido testigo que si realmente lo intentamos con las formas correctas, todo se puede lograr. El educar a sus hijos bajo la premisa que no se va a poder, sólo logrará que ese sea el resultado.


4. El creer que donde deben aprender es en el colegio: Partiendo también de la no aceptación emocional de lo que ocasiona tener una persona con discapacidad en la familia, los padres muchas veces terminan llevando a sus hijos al colegio para que les enseñen también a comportarse. Y realmente es que el comportamiento y las reglas sociales se deben aprender desde el inicio de vida en casa. Cuando son pequeños se les permite hacer muchas cosas, que cuando grandes ya no son tan fácil de corregir. Y ya todo se sale de control.

¿Han visto cómo sus hijos se comportan diferente con una persona u otra? Esto solo se debe a que hay personas que sí les exigen unas pautas y su comportamiento varía de acuerdo a esto. Por lo que es la muestra más clara que sí se puede y que depende de ustedes.


Siempre he comparado la educación familiar que reciben un par de hermanos donde uno tenga discapacidad y otro no. Mi caso no fue muy diferente. Muchas cosas que hacía mi hermana erradas eran aceptadas por su condición, permitiendo que por muchos años se comportara de manera agresiva y caprichosa. Recuerdo que muchas veces me decían que mi hermana no podía hacer algunas cosas básicas. A lo cual yo nunca creí y yo creo que ahí estuvo el éxito de la relación que tenemos hoy en día y de lo que es mi hermana en su vida laboral.


A una persona sin discapacidad, se le exige a comportarse, a saludar, a responder en el colegio, a respetar, a tener reglas, a tener obligaciones. Esto nunca debe ser diferente para una persona con discapacidad. Pero lamentablemente, en la mayoría de los casos lo es y por eso lo que más encontramos cuando nos enfrentamos a alguien con discapacidad son caprichos, el poco entendimiento social y las pocas obligaciones de vida.


Tan solo pensemos educar bajo estas pocas reglas a cualquier persona. Esto ocasionaría exactamente los mismos comportamientos. Sería una persona que haría lo que sus impulsos dictaran, una persona que hace lo que quiere y que muy probablemente no llegará a tener una vida independiente o con responsabilidad.


Por eso siempre repito esto: “Papás, la inclusión empieza en casa”

Es difícil encontrar un mundo para sus hijos si no hay un comportamiento adecuado. Es difícil encontrar un Colegio para sus hijos, si no se le ha entregado un aprendizaje correcto. Es difícil que sus hijos tengan una vida social, si no se les entiende en dónde realmente necesitan apoyo. Es difícil que sus hijos tengan una vida independiente si ustedes no les han dado las pautas desde pequeños para esto.


Y recuerden, nadie es eterno. Llegará un momento en que probablemente ustedes como padres no estén. El no haberles dado las herramientas necesarias comportamentales y de vida independiente, hará que su vida quede a la deriva.

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